
Durante el primer año de vida, el niño juega explorando e interactúa con el mundo que le rodea con los cinco sentidos para comprenderlo. La mayor parte de su juego consiste en coger objetos y ponérselos en la boca, agitarlos, golpearlos o tirarlos.
A medida que el bebé va creciendo, desarrolla nuevas aptitudes motoras, el juego se va volviendo más complejo y coordinado, y cada vez controlan más sus movimientos. En esta etapa los bebés juegan generalmente solos. Es al final del primer año de vida que empiezan a imitar actividades y a jugar con otros (bebés, niños o adultos). Seguramente has visto como ríen cuando alguien les hace monerías o les dice cosas. Estas interacciones ayudan al bebé a aprender el idioma, las relaciones sociales y las causas-efectos. Una vez que los bebés comienzan a comprender la manera en la que las cosas se relacionan unas con otras dentro del entorno y saben qué sabor, olor y sonido tienen, y cómo se sienten al tacto, están listos para pasar a la siguiente etapa del desarrollo: entender cómo funcionan.
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